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Aguas Turbias {P} Reino

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Aguas Turbias {P} Reino

Mensaje por Andrew Walker el Mar Mayo 22, 2018 1:20 pm

Ese día comenzó de una forma diferente a lo habitual. Walker abrió los ojos lentamente aquella mañana a causa de un pálido rayo de sol que apenas y se colaba por la ventana. Era un día nublado, como lo habían sido la mayoría de aquella primera semana de su regreso a Glass City, parecía incluso una de esas mañanas de Londres donde la mayoría de las veces el cielo se vestía de gris y perla. Suspiró levantando apenas su torso de la revuelta y tibia cama ¿Qué día era? Tras frotar con ambas manos su rostro y cabello oscuro, giró la cabeza hasta que logró ver una pequeña pizarra en la que con una letra bruta y mayúscula, había escrito la fecha de la cita que había conseguido en el sello, estaba decidido a darlo todo nuevamente; pero había algo más ese día, un sentimiento, que a pesar de la ligera sonrisa que se creó en su boca tras escuchar las pisadas de Isabella Collins al otro lado de la pared; un sentimiento que le hizo fruncir el entrecejo ¿Qué era?.

El departamento con el paso de los fríos días se había convertido en el rincón en el que Andrew se sentía realmente cómodo y seguro, pues se había tomado el tiempo de agregar unas cuantas cosas de su gusto para hacerlo más acogedor, el dinero que tenía disponible se lo permitía, había estudiado y trabajado mucho en Londres y ese mismo trabajo había sido alimentado por el mencionado sentimiento que aún no podía comprender del todo y decidía ignorar, después de todo el sentir no era para él; no después de lo sucedido con Helena.

El olor del café recién hecho inundó el departamento. Una humeante taza reposaba sobre la pequeña barra en la cocina mientras que en un plato pulcro y bien hecho estaba la comida de inicio de aquel día, pero el apetito le había abandonado un segundos antes de empezar, nervioso no estaba. Volvió a fruncir las cejas, y esta vez su puño con fuerza terminó golpeando la misma barra, logrando que la comida y la taza de café terminaran regados por la superficie. No lo limpió, pues su ataque de rabia le había hecho perder aquel sentido común que controlaba su profundo carácter, en ese momento había sido casi imposible contenerse. Limpió y vistió su cuerpo realmente rápido, y a pesar de tener el cabello aún un poco húmedo y la chaqueta de cuero a medio poner, salió del departamento cerrando la puerta con una fuerza bruta que apostaba se había escuchado en todo el piso.  Bajó rápido las escaleras, casi como si alguien le estuviera persiguiendo. Llegó hasta el primer piso y empujó la rejilla que dividía el territorio del edificio en el que se estaba quedando, abandonando al fin las instalaciones.

En su camino apresurado se le venían a la mente demasiadas cosas, como por ejemplo el sujeto que había conocido durante la semana y que resultaba ser manager en el sello,  había mostrado cierto interés en su talento con la guitarra, interés que le llevó a conseguir una reunión con este mismo manager en los edificios del sello, quería darse prisa y no perder nuevamente la oportunidad que se le había dado. Mientras recorría las calles de la ciudad, giró en una avenida que él creía le llevaría a los edificios en donde le esperaban, pero sin darse cuenta, estaba yendo por un camino totalmente equivocado.

Había perdido el aliento después de 1 hora caminando a paso rápido, sus intentos por llegar a tiempo a la cita que tenía habían resultado en un verdadero fracaso. Con un movimiento, sacó el teléfono que traía consigo y revisando de forma rápida los mensajes que tenía pendientes, existía uno del supuesto manager que le estaba esperando, un mensaje que no parecía un feliz a decir verdad. Walker estaba experimentado muchas sensaciones en aquel momento, algo que no estaba en su total control, era extraño. El que siempre había sido maduro con su sentir, estaba inmerso y a sólo un paso de la desesperación total. Para su desgracia, el alzar la cabeza llegó a sus recuerdos como el golpe helado del agua de mar que se estampaba en las rocas del acantilado al que habían caído sus zapatos y los de Rei hacía 3 años – Layla … - Murmuró con una voz que luchó por salir de su garganta, pues el nudo de sentimientos que se había formado en su pecho estaba logrando hacer estragos a Walker, le estaba haciendo sentir toda aquella tristeza que había negado y enterrado en lo más profundo durante mucho, mucho tiempo. ¿Dónde estaba aquella amiga? Le necesitaba, pues esta vez era él quien quería saltar al vacío.

Sus pies cansados le llevaron hasta el barandal ya oxidado y gastado por la salada brisa del mar, todo parecía estar en ruinas y en un descuido total, pues la puerta estaba caída y rodeada de maleza seca, y el faro que parecía que a pesar de la adversidad del clima, no quería apagarse. El frío viento logró congelar las manos de Andrew y le hizo sentir un escalofrío tan fuerte que le encogió los hombros. El mar estaba molesto, parecía manifestar cómo se sentía Andrew ese mismo día, tan incontrolable. Habían pasado 3 años desde la última vez que se creó la promesa de un equipo, una idea y un sueño en común. Lo recordaba, la audición en el sello, los ensayos, incluso las risas por las malas bromas que le hacían al manager y responsable de aquel sueño, Reino. Su pecho se volvió a encoger al recordar ese nombre, esa figura alta, más alta que él incluso. Ese hombre que le había aceptado en el sello y que le había dejado a su suerte, algo que para un joven de 18 años en aquel entonces, había sido demasiado.

Parecía que comenzaba a llover; pero sólo un par de gotas habían caído en el rostro del azabache ¿Lloraba? Como era eso posible, nunca antes o muy pocas veces lo había hecho; pero más de tristeza, era un dolor comparado a la ira y la rabia que tenía contenida ¿Qué se suponía tenía que hacer? Frotó con molestia las mangas de la chaqueta sobre su rostro, tanto que la piel blanca resintió y comenzó a enrojecer; pero incluso las lágrimas no dejaban de caer a pesar de que eran pocas y pequeñas, era humillante. Finalmente había descubierto ese sentimiento que desde su despertar le había seguido, habían aplastado su orgullo, su ego. Le habían humillado.
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Andrew Walker

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