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Carreras y video juegos (priv. Albrecht F. Schnitzler)

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Carreras y video juegos (priv. Albrecht F. Schnitzler)

Mensaje por Isabella Collins el Sáb Mayo 12, 2018 10:23 pm

Ir de compras no era de sus actividades preferidas. Si pudiera elegir optaría porque su ropero se llenara mágicamente de todas las prendas que necesitaba para cubrir cada una de sus actividades. Presentarse en la agencia de modelos para poder trabajar promocionando la ropa de la marca implicaba enseñar una buena imagen de sí misma, y aunque el peinado y el maquillaje eran importantes sabía que los diseñadores estarían atentos a su estilo a la hora de vestir. Las tiendas de ropa estaban desiertas a esas horas del mediodía, donde la gente normalmente estaba trabajando, claro que en su caso aquello quedaba aún pospuesto por la burocracia del sello. La inspiración la había abandonado, y pensó que salir un poco le ayudaría a despejar la cabeza, sin embargo, esos maniquíes decapitados que la observaban desde detrás de los vidrios de exhibición sólo conseguían incrementar aquel sentimiento de soledad que la corroía por dentro. Una vez más llegó a preguntarse si había sido una buena decisión dejar lo que había conseguido, aunque estaba segura de que no podía continuar con el grupo, quizás podría haber intentado lanzarse como solista en un país donde su voz y su rostro significaban algo. Allí se trataba de empezar de nuevo, y todo por un capricho infantil.

Sus zapatos de tacon resonaban en el suelo perfectamente limpio del shopping. El sonido parecía esparcirse gracias al eco del lugar, amplificando el sonido. Casi le daban escalofríos. De repente, un sonido familiar le hizo voltear la cabeza con curiosidad, se dejó guiar por la melodía repetitiva que muy pronto la condujo al sector de video juegos, en donde sólo un par de niños luchaban con dos armas de juguete por derribar a un ejército de zombis. Una pequeña sonrisa le cruzó el semblante. Era un secreto, pero Isabella amaba las máquinas de video juegos. ¿Qué podía perder? Con decisión se dirigió a la caja para obtener una pequeña fortuna en fichines. Recorrió los pasillos repletos de máquinas de colores, con luces y sonidos diversos que la invitaban a toda clase de mundos de fantasía. Aquello le traía recuerdos, su padre solía llevarla de tanto en tanto a la ciudad, e Isabella le rogaba por ir a jugar a esas máquinas maravillosas. Dudosa, le resultaba imposible escoger por cual comenzar hasta que un antiguo juego de carreras hizo que su cuerpo sintiera una nostálgica emoción. ¡Nunca había logrado derrotar a su padre en ese juego!

Se sentó detrás del volante, acomodando los pies en el embriague y el acelerador antes de insertar la primera ficha. Escogió el auto más bonito, y la carrera dio inicio. Hacia siglos que no jugaba a uno de esos, y le resultó casi imposible mantenerse en la carretera en cada curva, desviándose lo suficiente como para darle una ventaja a sus rivales electrónicos que acabaron por dejarla en el ante último puesto. –Mierda-soltó con cierto fastidio y el ceño fruncido, en tanto tiempo se había oxidado y su habilidad había empeorado. No iba a irse de allí hasta conseguir el primer lugar. Con eso en mente introdujo la segunda ficha en la ranura y se preparó para acelerar con ambas manos sobre el volante.
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